Cuidado Correcto de los Cascos
"Sin casco no hay caballo": este dicho seguramente lo conoce cualquier persona del mundo equino. Y deja claro lo importante que es la salud del casco para nuestros compañeros. Pero ¿cómo se cuida correctamente este cimiento tan importante? Productos para el cuidado del casco hay a montones, pero ¿qué necesita realmente el casco de todo eso?
Recorte regular de los cascos
Por banal que suene: una de las medidas de cuidado más importantes es el recorte regular de los cascos por parte de un profesional. El intervalo óptimo puede variar de un caballo a otro y también según la estación del año. Por término medio, el recorte debería realizarse cada 6 semanas, en algunos caballos puede tener sentido cada 4 u 8 semanas. Si existen problemas agudos (p. ej. laminitis), incluso puede ser necesario un recorte cada dos semanas.
Además, en verano los cascos crecen más rápido que en invierno, por lo que aquí puede ser necesario acortar el intervalo entre las citas de recorte.
Lo ideal es que tú, como propietario del caballo, también aprendas los fundamentos del recorte de cascos para poder realizar tú mismo intervenciones sencillas entre las citas regulares con el profesional. Esto incluye, por ejemplo, redondear los bordes desconchados de la pared del casco o eliminar partes sueltas de la ranilla para prevenir la putrefacción de la ranilla. Además, de este modo se pueden contrarrestar mejor ciertas tendencias, como en el caso de un casco zambo o una pinza demasiado larga. Si estos problemas solo se corrigieran cada pocas semanas, las demás estructuras de la pata del caballo podrían sobrecargarse innecesariamente entre tanto. Una pinza demasiado larga provoca, por ejemplo, una presión excesiva sobre el complejo del navicular y tracción sobre el tendón flexor profundo, lo que a largo plazo puede provocar sobrecargas de estas estructuras.
Por supuesto, antes deberías adquirir los conocimientos adecuados en un curso de cascos y, a continuación, pedir a tu profesional del casco que te muestre las intervenciones más importantes para tu caballo.

Control diario
El control de los cascos debería ser una parte fija de la rutina diaria con tu caballo. Por un lado, hay que limpiar los cascos de suciedad y cuerpos extraños y, por otro, es el momento perfecto para comprobar el estado de salud: ¿están los cascos calientes o puedes sentir una pulsación aumentada? ¿Ha cambiado la forma, se ha desconchado algo o se ha desprendido alguna parte del casco? ¿Se ha formado en algún sitio putrefacción de la ranilla o una infección por hongos? ¿Hay grietas en el casco que debas tratar?
Si tu caballo lleva herraduras o pegados, también deberían controlarse a diario para comprobar que todo sigue fijo donde debe estar.
Limpiar los cascos correctamente
La limpieza diaria de los cascos es en realidad muy sencilla: con un limpiacascos hay que retirar cuidadosamente la suciedad incrustada. La punta metálica no debe ser demasiado afilada para no dañar partes sensibles del casco al limpiar (especialmente en los surcos de la ranilla). El casco debe quedar tan limpio que puedas reconocer y revisar bien todas las estructuras. Un cepillo de alambre puede prestar una ayuda valiosa para eliminar también los últimos restos de suciedad de los surcos profundos. Esto es importante para detectar posibles cuerpos extraños. Especialmente en la línea blanca suelen quedarse atascadas pequeñas piedrecitas que deberías retirar sin falta para que no se claven más profundamente en el casco y agranden cada vez más el agujero. Para retirar estas piedrecitas también puedes ayudarte con un destornillador fino.
Si tras la limpieza aparecen agujeros o surcos en la línea blanca, deberías rellenarlos con una pasta antibacteriana, por ejemplo Hoof Clay (pasta de arcilla).
Cuidar la ranilla
En el cuidado diario de los cascos deberías dedicar especial atención a la ranilla, ya que es una de las estructuras más sensibles del casco y rápidamente susceptible a problemas. Especialmente las bacterias atacan a menudo la ranilla y provocan la tan extendida putrefacción de la ranilla. Qué es exactamente y cómo puedes controlarla te lo explicamos en un artículo propio.
Para que no llegue a ese punto, puedes lavar la ranilla regularmente con productos antibacterianos suaves de forma preventiva, por ejemplo una simple mezcla de vinagre y agua.
Alimentar para tener cascos sanos
Un cuidado correcto de los cascos también incluye la alimentación de tu caballo. Pues solo si tu caballo está suficientemente abastecido con los nutrientes correctos podrá hacer crecer un casco sano. Es imprescindible un aporte suficiente de aminoácidos azufrados, oligoelementos y macroelementos, así como vitaminas. Pero qué necesita exactamente tu caballo (y qué no) no se puede responder de forma general y depende sobre todo del forraje base. Es decir: qué nutrientes están presentes y en qué cantidad en el heno, y ¿tiene tu caballo acceso al prado? ¿Qué rendimiento debe ofrecer tu caballo y por tanto necesita quizás los mismos nutrientes también para la musculatura y el aparato tendinoso/ligamentoso? En caso de duda, merece la pena hacer un cálculo de la ración por parte de un asesor nutricional para no gastar dinero innecesariamente en complementos que tu caballo quizás ni siquiera necesite.
Precisamente en la alimentación a veces se aplica el dicho: menos es más. Por supuesto, tu caballo también puede tener déficits, pero muy a menudo nuestros caballos incluso reciben un exceso de ciertas sustancias. Esto puede provocar problemas de cascos igual que una alimentación deficiente.
Y al exceso de aporte también pertenece el tema del sobrepeso. Lamentablemente, muchos caballos, especialmente en el ámbito recreativo, están demasiado gordos, lo que puede acarrear problemas masivos para la salud del casco. Las suelas finas y la laminitis son solo dos de las muchas posibles consecuencias, que a menudo se pueden controlar bien con una alimentación adaptada.
Mucho movimiento sobre el terreno adecuado
Al cuidado del casco también pertenece estimular la circulación sanguínea en el casco para que los nutrientes alimentados lleguen realmente al casco en cantidad suficiente. Los cascos de nuestros caballos están diseñados para un rendimiento de marcha de 10 a incluso 50 kilómetros al día, con lo que no solo se asegura el desgaste, sino también la circulación. Según cómo sea la forma de mantenimiento de tu caballo (box, establo abierto, paddock trail, etc.), deberías procurar en su caso una compensación.
Aquí no solo es importante cuánto se mueve tu caballo, sino también sobre qué terreno camina. Lo ideal son suelos en los que pueda hundirse todo el casco, pero que no sean demasiado profundos y no generen un desgaste excesivo. Buenos materiales para la salud del casco son, por ejemplo, la arena o los cantos rodados.

Engrasar, aceitar, mojar
¿Pero qué pasa con los numerosos productos de cuidado que se pueden aplicar al casco? Aquí las opiniones se dividen: no hay estudios científicos que demuestren la eficacia de los aceites y las grasas, independientemente de si se aplican en la pared del casco o se masajean en la corona. Pero hay numerosos informes anecdóticos según los cuales estos productos mejoran la elasticidad del casco.
Lo que entretanto se considera seguro: las grasas y los aceites tienen un efecto sellador y por tanto no permiten que la humedad penetre desde fuera en el casco. Por tanto, si quieres aplicar estos productos para favorecer la elasticidad, deberías aplicarlos tras humedecer los cascos para retener la humedad dentro del casco.
A propósito de mojar: precisamente en períodos de tiempo seco, los cascos no deberían humedecerse en exceso, aunque la tentación sea grande. Los cascos pueden adaptarse magistralmente a distintos niveles de humedad, pero no si el cambio se produce de repente. Los períodos de sequía continuos son menos problemáticos para los cascos que cuando estos se ven interrumpidos una y otra vez por duchas de 3 minutos.
Conclusión
Como ves, el cuidado correcto de los cascos es en realidad bastante sencillo, pero quizás distin






