Cascos Frágiles: Causas y Cuidado Correcto
Casi todos los propietarios de caballos las conocen: las grietas en el casco. A veces son pequeñas, a veces más grandes, a veces desaparecen por sí solas y a veces se desprende media pared del casco. Sobre todo en verano se oye con frecuencia la solución bienintencionada: «hay que mojar y engrasar los cascos para mantener el cuerno elástico y evitar que se rompa». Pero ¿es realmente así? ¿De verdad ayuda la grasa para cascos contra las grietas y los cascos quebradizos? Para poder responder a esta pregunta, lo mejor es abordar primero los antecedentes. ¿Por qué se vuelven quebradizos los cascos? Y aquí ya empieza la dificultad, pues existen distintas causas. Dos de los motivos más frecuentes, lamentablemente, se pasan por alto a menudo o ni siquiera se consideran. Por un lado, la alimentación y, por otro, los efectos de palanca en el casco. Por eso analizaremos estos dos factores con un poco más de detalle.
Alimentación incorrecta como causa de cascos quebradizos
El casco necesita determinados nutrientes para poder producir suficiente cuerno de buena calidad. Entre ellos se encuentran, por ejemplo, aminoácidos azufrados como la metionina y la cisteína, así como la lisina. La metionina y la lisina pertenecen a los aminoácidos esenciales, es decir, el organismo no puede producirlos por sí mismo, sino que debe obtenerlos a través de la alimentación. La cisteína, a su vez, se forma a partir de la metionina, pero también puede ingerirse directamente. El azufre de estos aminoácidos es importante para que puedan formarse suficientes puentes disulfuro (= uniones entre dos átomos de azufre) en la queratina del casco. Cuantos más puentes disulfuro se formen, más rígido será el cuerno resultante. Por lo tanto, si falta el azufre o los aminoácidos azufrados, el casco se vuelve quebradizo. Lo característico en estos casos son cascos que no presentan una grieta en un único punto, sino que se vuelven inestables en conjunto y suelen quebrarse en varios puntos.
También son característicos los cascos en los que la pared comienza a partirse, es decir, en los que la unión entre la pared pigmentada y la no pigmentada ya no es suficientemente buena (si no sabes a qué capas de la pared nos referimos, te recomendamos nuestro artículo sobre la anatomía del casco). Pero el casco necesita además toda una serie de nutrientes adicionales para poder producir un cuerno óptimo. Por ejemplo, el caballo debe disponer de suficientes vitaminas del grupo B para que los aminoácidos antes mencionados puedan metabolizarse. Aquí entra también en juego la flora intestinal: si está alterada, el organismo no puede producir suficiente vitamina B6 y los aminoácidos aportados no pueden aprovecharse. Otras carencias también pueden ser consecuencia de una flora intestinal dañada, por ejemplo una deficiencia de zinc. El zinc también es esencial para unos cascos estables y, en caso de deficiencia, puede provocar grietas. Por eso no solo es importante que tu caballo reciba los nutrientes adecuados, sino que su aparato digestivo y sus órganos metabólicos estén lo suficientemente sanos como para aprovechar esos nutrientes. Un metabolismo hepático y renal en buen funcionamiento es, por tanto, un factor decisivo en la lucha contra la fragilidad.
Demasiado de lo bueno
Los cascos quebradizos pueden deberse no solo a una alimentación deficitaria, sino también a una sobrealimentación.
En particular, un exceso de selenio y de hierro puede provocar cascos agrietados. Una deficiencia de selenio puede ser tan perjudicial como una intoxicación por selenio. Con un aporte elevado de selenio, este se deposita en el casco en lugar del azufre, reduciéndose así los puentes disulfuro y perdiendo el casco estabilidad.
El hierro, por su parte, actúa como antagonista del zinc, es decir: en concentraciones demasiado altas, el hierro puede desplazar al zinc. Las altas concentraciones de hierro no solo aparecen, por cierto, en el forraje básico, sino a menudo también en el agua. Por eso, en caso de problemas con cascos que se rompen, suele merecer la pena realizar también un análisis del agua. Además de unos valores de hierro demasiado elevados, una intoxicación por nitratos también puede ser responsable de cascos inestables y, por tanto, de grietas. ¡Sobre todo cuando los caballos beben agua subterránea, hay que tener especial precaución!
Grietas en el cuerno por efectos de palanca
El segundo desencadenante a menudo pasado por alto de las grietas en el casco son los efectos de palanca. Con ello queremos decir que algunas estructuras del casco no están en equilibrio y, por tanto, generan fuerzas no fisiológicas: palancas. Estas presionan después sobre determinadas zonas y causan allí magulladuras o tensiones. Cuando estas palancas presionan sobre la pared del casco, puede ocurrir fácilmente que la cápsula córnea no resista esa tensión y se desgarre mecánicamente. En tal caso se habla de «grietas por tensión».
Un ejemplo típico son los talones demasiado largos: con ello, la pared de la pinza recibe demasiada presión y desarrolla a menudo una grieta justo en el medio de la pared del casco.
Otro ejemplo frecuente son las barras volcadas que se apoyan sobre la suela: con ello, la suela empuja contra la pared lateral del casco. Si la presión se vuelve demasiado alta (por ejemplo, cuando la barra acaba creciendo de forma descontrolada sobre la suela), suele aparecer una grieta en la pared lateral del casco.
Estos estados se producen a menudo por una falta de cuidado del casco: o bien los desequilibrios no se corrigen suficientemente durante el trabajo, o bien dicho trabajo se realiza con muy poca frecuencia. En patologías difíciles (por ejemplo, un casco en pinza) puede ser necesaria una corrección cada dos semanas.
Algunas palancas se originan también por defectos de aplomo congénitos. Tanto los defectos unilaterales como los bilaterales pueden provocar un desgaste no fisiológico del casco y, con ello, efectos de palanca. Además de un trabajo frecuente del casco, a veces se recomienda aquí una protección permanente con la que se puedan mejorar ciertas posiciones.
Los cascos también pueden, simplemente, ser demasiado largos en general y por eso romperse. Según las condiciones de mantenimiento, el intervalo de trabajo debe adaptarse en consecuencia y no debería superar, de media, las 6 semanas.
¿La higiene como causa de cascos que se rompen?
Una y otra vez se responsabiliza también a la falta de limpieza en la cuadra de la fragilidad de los cascos. En casos extremos esto puede ser cierto: si un caballo pasa mucho tiempo sobre un suelo empapado de orina, el amoníaco resultante puede atacar el cuerno y disolver las uniones moleculares, con lo que el casco se vuelve quebradizo. No obstante, en la mayoría de los casos ocurre más bien que ya existen tensiones subóptimas en el casco o que la sustancia córnea está debilitada por motivos nutricionales, y las condiciones antihigiénicas no hacen sino colmar el vaso. Pues si la línea blanca o la pared del casco ya están castigadas, son mucho más susceptibles a bacterias y hongos, y puede aparecer, por ejemplo, la enfermedad de la línea blanca (White Line Disease). En ese caso, los gérmenes se comen la capa de unión del casco y la pared puede desprenderse con mayor facilidad.
¿La sequedad como causa de grietas en el cuerno?
Esta relación parece evidente: cuando los cascos se secan, se vuelven quebradizos. Y es cierto, hasta cierto punto. Las temperaturas altas y la baja humedad del entorno provocan que las capas más externas del cuerno se sequen y se vuelvan especialmente duras (tu casquero seguro que puede dar fe de ello). Las capas externas de la pared del casco pueden presentar entonces, efectivamente, finas grietas, normalmente en los cuatro cascos y repartidas por toda la pared. Sin embargo, estas suelen ser inofensivas, ya que solo afectan a la capa más externa del cuerno de la pared y desaparecen por sí solas cuando el entorno vuelve a ser más húmedo. Pero el casco no solo recibe humedad desde fuera, sino también desde dentro. Un estudio de la Universidad de Edimburgo ha demostrado que, en un casco sano, la humedad externa no penetra ni siquiera un milímetro en el cuerno. Por eso se supone que existe una especie de barrera natural de humedad en el casco, de modo que los caballos tampoco tienen problemas de estabilidad en sus cascos en zonas más húmedas del planeta o con lluvias excesivas. Otro estudio ha demostrado que es sobre todo la suela del casco, y no la pared, la que absorbe humedad cuando se moja intensamente. La pérdida de humedad en los periodos cálidos del verano es por tanto responsable únicamente de grietas superficiales, pero no de grietas profundas aisladas en cascos concretos. Un buen ejemplo de ello son los caballos en zonas desérticas: estos caballos tienen normalmente cascos muy firmes y compactos y rara vez presentan problemas con paredes que se rompen. Si la sequedad fuera un problema para la elasticidad del casco, los caballos de esas regiones no podrían moverse con salud.
¿Las lesiones como causa de grietas en el casco?
Además de los motivos ya mencionados, también las lesiones pueden provocar paredes
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